Y por fin llegó el viernes, día señalado para realizar mi visita a La mar de letras. Intenté atraer a mi cita a una amiga y una cuñada, pero su ocupación de madres transformó su agenda para el viernes por la tarde en un cúmulo de acontecimientos que iban desde clases de piscina a cumpleaños en un parque de bolas, pasando por meriendas, clases de judo y no sé cuántas cosas más. Así que en cuanto terminé de trabajar, recogí a mi inefable Eva y nos fuimos para el centro de Madrid.
Mi planteamiento para el trabajo de Irune era seleccionar un libro para los lectores que están en torno a 6 años, y otro para los que se encuentran entre los 8 y 9 años. Con los primeros quiero aprender a conectar con las necesidades de los más pequeños, que son lo que me pillan más lejos de mi desarrollo evolutivo y con los que me cuesta más conectar y entender qué necesitan. Además, tengo un sobrino justo en esa edad y varios más que la alcanzarán pronto, así que la motivación está asegurada. Con los de 8-9 años quiero comprobar cómo de distintos son los niños ahora de cuando yo tenía esa edad y, de paso, comprobar si los recuerdos que tengo de mis sensaciones lectoras de esa época son genuinos o están distorsionados por el paso del tiempo.
Lo primero que me vino a la cabeza cuando vi la tienda por fuera fue agradecer a quien sea por mantener intacta mi capacidad de imaginar lugares que solo puedan existir en mi cabeza. Hablando claro: la tienda no se parecía en nada a la que había descrito en mi post. Para empezar, no había escaparate como tal, sino una puerta de de cristal de doble hoja a través de la que se podía ver el interior de la tienda.
Nada más entrar en la minúscula tienda, nos encontramos con una de las dependientas, parapetada detrás de una pantalla de ordenador. La chica era bastante más joven de lo que me esperaba, simpática como me la esperaba, más enamorada de los libros y la lectura de lo que me esperaba. Un rápido vistazo a las repisas llenas de libros me bastó para reconocer que iba a necesitar ayuda profesional para poder elegir un libro con las características que Irune nos había indicado. “Pero de dónde han salido tantos libros infantiles? ¿Dónde han quedado esas librerías como Fuensanta, donde había cien mil libros, sí, pero tan solo una estantería de literatura infantil con mis queridos libros de El barco de vapor y Cuatro vientos (Noguer) para facilitarme la tarea de encontrar un libro de manera independiente?"- pensaba mientras mi mirada volaba de un sitio de una repisa al mismo sitio de la estantería de enfrente.
En un respiro de mi ensimismamiento acerté a presentarme, incluso llegué a balbucear detalles de la misión que me había llevado hasta allí: “Irune..nos ha mandado leer un libro..para un trabajo..un libro a partir de 5-6 años y otro a partir de 8-9 años..literario”. La chica se había levantado ya de su sitio y se había dirigido hacia la puerta, donde manipulaba con afán el pestillo de la puerta. Cuando se aseguró de que dejaba la tienda cerrada, se volvió hacia nosotros y nos indicó para que la siguiéramos a través de unas escaleras hacia el piso subterráneo. “Sabía que había otro piso”- me confirmaba a mí mismo.
Cuando llegamos a la estancia que imaginé que en tiempos habría sido una bodega, nos encontramos con más repisas llenas de libros. Mi primera impresión fue un poco de desilusión, ya que yo me esperaba ver mis dichosos libros de El barco de vapor, o poder manosear a mi antojo todos los libros que estaban en el rincón de primeros lectores para poder investigar a mi antojo. Pero la chica había notado mi duda y se afanaba en presentarme un libro tras otro, tratando de dar con la tecla de lo que le había solicitado. Los libros no estaban clasificados por edades, por lo que la dependienta se basaba en su criterio para enseñarme libros. De vez en cuando me mostraba un libro: “Éste es un clásico”- me anunciaba mientras ponía en mis manos un libro cuya primera edición databa de 1978. “Un clásico de1978..La verdad es que se han editado más de 20 ediciones en esta colección..¿Será un clásico infantil…de verdad?”- mi resabidillo interior se resistía a reconocer que se le hubiera escapado un clásico durante tanto tiempo.
Poco a poco mi mente se fue abriendo para que le entrara la idea de que el tiempo pasa, de que hacía más de treinta años de mis incursiones en Fuensanta, que afortunadamente la literatura infantil había evolucionado y que ahora el ámbito no se tenía que quedar en El barco de vapor, las aventuras de Los cinco o las ediciones amarillentas de Celia que habían aparecido en el desván del pueblo.
Además, ahora me estaba formando para ser profesor de primaria. Estaba allí para aprender qué libros recomendar una clase de tal manera que se despertara en ellos el ánimo e interés por la lectura, por lo que no quedaba otro camino que leer todo lo que pudiera de aquellas estanterías. Leer y compartir el estudio sobre el libro para poder aprender los criterios en los que basar mi elección. Un nuevo reto de aprendizaje se estaba abriendo en aquel momento, un recorrido en el que me equivocaré y acertaré, en el que recogeré lo que vaya sembrando en mi camino.
Entonces empecé a disfrutar de los sabios consejos de la dependienta y de aquel rincón lleno de libros encantadores. Eché un vistazo a los ejemplares que me había seleccionado la chica de la tienda y empecé a analizarlos acorde a los objetivos que me habían llevado a La mar de letras. Me quedé con El monstruo peludo y El secuestro de la bibliotecaria, pensando en Victor, mi sobrino de 6 años; y con Catherine e Historia de Nadas, pensando en Javi y Álvaro, mis sobrinos de 7 y 8 años, respectivamente.
Cuando subimos a pagar caí en la cuenta de que la chica que nos había atendido con todo su saber y cariño no tenía nombre. Era inaudito. Habíamos estado casi una hora compartiendo todos los libros que nos habían marcado la infancia y primeros años de adolescencia, dilucidando si este libro sería literario o no..¡y no nos habíamos presentado! “Me llamo Thaís”- contestó mientras manipulaba el pestillo de la puerta para abrir de nuevo la tienda al público-. "Si otra vez queréis comprar, me podéis llamar y os mando los libros donde me digáis.”
-Tranquila Thaís, creo que nos veremos muy a menudo en vuestro precioso Mar de Letras. Gracias por todo y…¡Hasta pronto!
Yo no conozco a Thais, pero sí sé que todas las chicas que trabajan allí son cuidadosamente escogidas por su amor a la literatura infantil y por su capacidad para orientar a los clientes. ¡Qué chulos los libros que has escogido y qué bonita entrada! Te la anoto como voluntaria y me quedo a la espera del análisis (o los análisis) que realices.
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